Compromete a la organización en la lucha por la igualdad de género en el trabajo
El Director General de la OIT pone el punto de mira en el «Techo de Cristal»

GINEBRA (Noticias de la OIT) - «No podemos permitirnos malbaratear el talento de la mujer», afirmó Juan Somavia, Director General de la OIT, en su alocución a un grupo de personalidades internacionales congregado con ocasión del Día Internacional de la Mujer. Y añadió: «Mejorar la igualdad de género en el trabajo es de justicia y es lo más inteligente que debemos hacer.»

La reunión mantenida hoy en la sede de la Organización Internacional del Trabajo rendía homenaje a las generaciones de mujeres y hombres que han luchado por la igualdad entre los géneros. En palabras de su Director General, «la OIT sigue comprometida en su misma causa.»

«La igualdad entre los géneros es una meta y un catalizador para lograr nuestro propósito fundamental: un trabajo decente para las mujeres y los hombres en condiciones de libertad, equidad y dignidad», insistió Somavia.

Otras personalidades que se dirigieron a los asistentes al acto fueron: Gro Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial de la Salud; Mary Robinson, Alta Comisaria de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos; Germaine Greer, escritora y profesora universitaria; Walter Fust, Director General de la Oficina Suiza para el Desarrollo y la Cooperación; Mamounata Cissé, Secretaria General Adjunta de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales; Angeline Low, Directora General de una empresa privada de inversiones y Christine Ockrent, conocida periodista y presentadora de televisión.

Tras subrayar los progresos de las mujeres en la fuerza del trabajo, el Director General de la OIT se centró particularmente en el llamado «techo de cristal», que tan a menudo se opone como una barrera al acceso de la mujer a los altos puestos ejecutivos, y lo caracterizó como «uno de los problemas críticos que claman por un sustancial avance.»

Somavia se fijó a continuación en el «suelo pegajoso», expresión que describe las fuerzas que mantienen a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica, y citó un estudio de la OIT que indica que, cuanto más alto el nivel alcanzado por las mujeres en las organizaciones, mayor es la brecha que se da entre los géneros en ese nivel. Observó, en particular:

  • que las mujeres sólo desempeñan del 1 al 3 por ciento de los máximos puestos ejecutivos en las mayores empresas del mundo. Para las mujeres que sufren discriminación racial, el porcentaje es menor incluso;
  • que sólo 8 países tienen como jefe de Estado a una mujer;
  • que las mujeres constituyen el 13 por ciento de los parlamentarios del mundo; y 21 países cuentan con una mujer desempeñando la vicepresidencia o segunda magistratura del Estado;
  • que, aunque las mujeres representan casi el 40 por ciento de los miembros de las organizaciones sindicales del mundo, sólo son mujeres el 1 por ciento de los dirigentes de los sindicatos.

El estudio de la OIT indica también que el prejuicio de género contra los éxitos de la mujer en la empresa se extiende a una persistente segregación ocupacional, en virtud de la cual las tareas se clasifican como «masculinas» o «femeninas», asignándose con frecuencia a estas últimas un valor menor de mercado. Incluso en campos donde predominan las trabajadoras, tales como el sanitario y la educación, «los hombres suelen ocupar los puestos de mayor preparación, mayor responsabilidad y mejor salario», según Somavia.

Resaltó que el «diferencial salarial» llega a ser de un 10 a un 30 por ciento en detrimento de las mujeres, incluso en los países que están más avanzados en términos de igualdad entre los géneros.

Los estudios de la OIT han puesto de relieve que en promedio las mujeres trabajan más horas que los hombre en casi todos los países y que son ellas quienes siguen realizando la mayor parte del trabajo no retribuido.

Somavia afirmó que es preciso «acelerar la entrada de la mujer en los niveles más altos de decisión», e insistió en que «es posible un proceso más rápido». En los Estados Unidos, por ejemplo, el número de mujeres en la lista de los 500 altos puestos de dirección ejecutiva elaborada por la revista Fortune se ha multiplicado por más de 2 entre 1996-97, pasando del 2,4 al 5,1 por ciento.

Y añadió a este respecto: «un cambio significativo implica, entre otras cosas, diversificar las ocupaciones para las mujeres y los hombres, fomentar un mayor reparto de las responsabilidades en la familia, innovar con recursos humanos acreditados y estrategias presupuestarias, y fomentar el talento empresarial de la mujer.»


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