Entrevista publicada al diari LA VANGUARDIA el dia 15 de març del 2000.
Richard Sennett. Professor de la London School of Economics. Sociòleg i assaigiste.

No seamos víctimas de la flexibilidad

Ima Sanchís
No me diga que estoy corroída...
¿Pertenece usted a uno de esos cargos intermedios que no cobra “stock options” y se siente inseguro en su trabajo?
Sí.
¿Tiene la sensación de que no existe compromiso entre usted y su empresa?
¿Cómo lo sabe?
Porque ese es el nuevo modelo de capitalismo flexible encabezado por grandes empresas con contratos millonarios en la cumbre y plantillas abajo siempre al borde de la reestructuración.
Y de la depresión...
Sí, porque la cultura del trabajo ya no se basa en la lealtad, en las relaciones a largo plazo entre empresarios y trabajadores. El empresario ya no se compromete con el trabajador porque su objetivo es “quemarlo” y el trabajador no se compromete con el empresario porque se siente inseguro y está en precario.
¿Empleos sin pespectivas?
Exacto. Antes podías ir subiendo en el organigrama de la empresa, ahora simplemente tienes un empleo en el que debes rendir a corto plazo y sin perspectivas de futuro.
Pues eso es muy frustrante...
Mucho. Provoca la sensación del sin sentido, de hacer las cosas fragmentadas, de que te estás equivocando sin saber muy bien por qué. Si fuéramos más fuertes, lo aceptaríamos, pero como en el fondo somos débiles nos produce inseguridad.
Dicen que los cambios son positivos.
Cambiar no significa ir a mejor. Con este mundo laboral inestable nos hemos convertido en objeto de los deseos temporales de otras personas.
¡Pues sí que estamos buenos!
La nueva forma de organizar el trabajo desorganiza la vida de las personas.
¿Y eso cómo nos afecta?
Conseguir resultados en breve y que el único premio sea no perder el empleo provoca presión. Los psicólogos afirman que hay mucha más ansiedad y estrés en los trabajadores de hoy que en los de antaño. Pero yo intento explicarlo en términos objetivos, no psicológicos.
Entonces, ¿por qué dice que esta forma de trabajar nos corroe el carácter?
Porque en la sociedad occidental somos lo que hacemos, el trabajo es un factor fundamental en la formación del carácter.
¿Qué entiende usted por carácter?
Es diferente de la personalidad: lo define nuestro comportamiento con los otros.
¡Claro!, de ahí que digan que uno tiene mal carácter...
Ahora ya ni eso... Las relaciones actuales en el trabajo son muy superficiales y frustrantes: no se profundiza, no hay intercambio, no hay colaboración ni compromiso. El otro es un objeto, algo neutro.
¿Cómo repercute esa vida laboral en casa?
En un problema de ética. Nunca le pedimos a nuestros hijos que se comportaran en casa como se espera que lo hagan en el mundo laboral, es contradictorio. Nadie, quiere en casa relaciones superficiales, sin compromiso ni colaboración, ¿verdad?
Verdad.
Si te han educado para que seas solidario, luego en el trabajo recibes una bofetada; ahí esta el conflicto. Los valores morales de la familia no son aplicables al mundo laboral. Es la parte más dolorosa de mi estudio.
¿Y qué ocurre con las parejas?
Las estadísticas de divorcio de esos perfiles medios está en alza. Se suele culpar a la mujer, pero la realidad es que el hombre no puede continuar haciendo este tipo de trabajo y el soporte de la familia es absolutamente contradictorio.
¿Un hombre confundido?
Coordinar ese trabajo tan flexible de horarios, pero a la vez tan esclavo, con la vida familiar es poco satisfactorio y frustrante.
¿Es mejor la rutina?
No, no debemos ir atrás en el tiempo. Hemos de saber utilizar lo bueno del trabajo flexible sin convertirnos en víctimas de la flexibilidad. La responsabilidad está en los directivos: ¡que sean ellos los flexibles y que no exigan todo a cambio de nada!
¡Eso, eso!...
Sólo unos cuantos consiguen los mejores trabajos y está mejor remunerados. Para los altos ejecutivos, la flexibilidad no es un problema: son turistas laborales en las empresas. Pero cuando los cargos intermedios se quedan sin empleo suelen ir a peor.
¿Esa es la peor conclusión de su estudio?
Es la resignación que vi en la gente joven que entrevisté: tienen la convicción de que el sistema laboral es el que hay y que ellos no lo pueden controlar; muy deprimente.
¿Cómo gestionar esa sensación de fracaso vital y laboral?
Los individuos deben aprender a trazar una línea que divida lo que quieren ser como seres humanos y sus aspiraciones económicas. Poner límites a esas exigencias laborales.
¿A qué precio?
Muchos se dan cuenta a los 40 años de que han trabajado como locos y no son felices, pero a esa edad bajar económicamente es durísimo, aunque quizá valga la pena. Pero yo tengo esperanzas: algo va a cambiar.
Estaría bien...
En EE.UU. y en Gran Bretaña empieza a haber quien dice “no estoy dispuesto a vivir de esta manera”, comienzan a rebelarse.
¿Estamos condenados al fracaso si seguimos ese modelo anglosajón en Europa?
Ustedes siempre tienen la noción de que América es el futuro, lo eficaz, y yo quiero demostrarles que pueden escoger, que no necesariamente este modelo.