Ima Sanchís
No me diga que estoy corroída...
¿Pertenece usted a uno de esos
cargos intermedios que no cobra “stock options” y se siente inseguro en
su trabajo?
Sí.
¿Tiene la sensación de que
no existe compromiso entre usted y su empresa?
¿Cómo lo sabe?
Porque ese es el nuevo modelo de capitalismo
flexible encabezado por grandes empresas con contratos millonarios en la
cumbre y plantillas abajo siempre al borde de la reestructuración.
Y de la depresión...
Sí, porque la cultura del trabajo
ya no se basa en la lealtad, en las relaciones a largo plazo entre empresarios
y trabajadores. El empresario ya no se compromete con el trabajador porque
su objetivo es “quemarlo” y el trabajador no se compromete con el empresario
porque se siente inseguro y está en precario.
¿Empleos sin pespectivas?
Exacto. Antes podías ir subiendo
en el organigrama de la empresa, ahora simplemente tienes un empleo en
el que debes rendir a corto plazo y sin perspectivas de futuro.
Pues eso es muy frustrante...
Mucho. Provoca la sensación del
sin sentido, de hacer las cosas fragmentadas, de que te estás equivocando
sin saber muy bien por qué. Si fuéramos más fuertes,
lo aceptaríamos, pero como en el fondo somos débiles nos
produce inseguridad.
Dicen que los cambios son positivos.
Cambiar no significa ir a mejor. Con este
mundo laboral inestable nos hemos convertido en objeto de los deseos temporales
de otras personas.
¡Pues sí que estamos buenos!
La nueva forma de organizar el trabajo
desorganiza la vida de las personas.
¿Y eso cómo nos afecta?
Conseguir resultados en breve y que el
único premio sea no perder el empleo provoca presión. Los
psicólogos afirman que hay mucha más ansiedad y estrés
en los trabajadores de hoy que en los de antaño. Pero yo intento
explicarlo en términos objetivos, no psicológicos.
Entonces, ¿por qué dice
que esta forma de trabajar nos corroe el carácter?
Porque en la sociedad occidental somos
lo que hacemos, el trabajo es un factor fundamental en la formación
del carácter.
¿Qué entiende usted por
carácter?
Es diferente de la personalidad: lo define
nuestro comportamiento con los otros.
¡Claro!, de ahí que digan
que uno tiene mal carácter...
Ahora ya ni eso... Las relaciones actuales
en el trabajo son muy superficiales y frustrantes: no se profundiza, no
hay intercambio, no hay colaboración ni compromiso. El otro es un
objeto, algo neutro.
¿Cómo repercute esa vida
laboral en casa?
En un problema de ética. Nunca
le pedimos a nuestros hijos que se comportaran en casa como se espera que
lo hagan en el mundo laboral, es contradictorio. Nadie, quiere en casa
relaciones superficiales, sin compromiso ni colaboración, ¿verdad?
Verdad.
Si te han educado para que seas solidario,
luego en el trabajo recibes una bofetada; ahí esta el conflicto.
Los valores morales de la familia no son aplicables al mundo laboral. Es
la parte más dolorosa de mi estudio.
¿Y qué ocurre con las
parejas?
Las estadísticas de divorcio de
esos perfiles medios está en alza. Se suele culpar a la mujer, pero
la realidad es que el hombre no puede continuar haciendo este tipo de trabajo
y el soporte de la familia es absolutamente contradictorio.
¿Un hombre confundido?
Coordinar ese trabajo tan flexible de
horarios, pero a la vez tan esclavo, con la vida familiar es poco satisfactorio
y frustrante.
¿Es mejor la rutina?
No, no debemos ir atrás en el tiempo.
Hemos de saber utilizar lo bueno del trabajo flexible sin convertirnos
en víctimas de la flexibilidad. La responsabilidad está en
los directivos: ¡que sean ellos los flexibles y que no exigan todo
a cambio de nada!
¡Eso, eso!...
Sólo unos cuantos consiguen los
mejores trabajos y está mejor remunerados. Para los altos ejecutivos,
la flexibilidad no es un problema: son turistas laborales en las empresas.
Pero cuando los cargos intermedios se quedan sin empleo suelen ir a peor.
¿Esa es la peor conclusión
de su estudio?
Es la resignación que vi en la
gente joven que entrevisté: tienen la convicción de que el
sistema laboral es el que hay y que ellos no lo pueden controlar; muy deprimente.
¿Cómo gestionar esa sensación
de fracaso vital y laboral?
Los individuos deben aprender a trazar
una línea que divida lo que quieren ser como seres humanos y sus
aspiraciones económicas. Poner límites a esas exigencias
laborales.
¿A qué precio?
Muchos se dan cuenta a los 40 años
de que han trabajado como locos y no son felices, pero a esa edad bajar
económicamente es durísimo, aunque quizá valga la
pena. Pero yo tengo esperanzas: algo va a cambiar.
Estaría bien...
En EE.UU. y en Gran Bretaña empieza
a haber quien dice “no estoy dispuesto a vivir de esta manera”, comienzan
a rebelarse.
¿Estamos condenados al fracaso
si seguimos ese modelo anglosajón en Europa?
Ustedes siempre tienen la noción
de que América es el futuro, lo eficaz, y yo quiero demostrarles
que pueden escoger, que no necesariamente este modelo.