COMFIA

EL ACOSO MORAL O MOBBING, ¿ESTRATEGIA EMPRESARIAL?

(2/05/2002)

Para los directivos de nuestra empresa, la salud laboral nunca ha tenido la importancia que debería.

En estos últimos años, y desde la implantación del Tl4, el proyecto 2001 y su desarrollo en Bancaja, algunos directivos están utilizando el acoso moral para lograr unos objetivos en muchos de los casos irrealizables ( "Fidenzis")

Conocido por los anglosajones como "mobbing", el "acoso moral" en el trabajo es un fenómeno antiguo y está definido como "cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, dignidad o integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo, o degradar el clima de trabajo".

"El acoso se vuelve posible porque viene precedido de una descalificación de la víctima por parte del perverso". "Sin embargo, las víctimas no son holgazanas, sino todo lo contrario, a menudo son personas perfeccionistas, se quedan hasta muy tarde en el trabajo" .

El agresor se niega a explicar su actitud; la víctima por tanto se paraliza y no se puede defender, llegando a culpabilizarse de la situación.

Las descalificaciones pueden venir de un modo soterrado, en el registro de la comunicación no verbal: suspiros exagerados, miradas de desprecio, insinuaciones, alusiones con mala intención, observaciones descorteses... Se pone en tela de juicio todo lo que la víctima dice y hace. También se puede ignorar a la víctima, no saludándola, hablando de ella como si fuera un objeto. Las bromas, las burlas y los sarcasmos también pueden contener críticas indirectas.

El agresor consigue su objetivo desacreditando públicamente a su víctima, introduciendo la duda en su cabeza; la ridiculiza, la humilla y la cubre de sarcasmos hasta que pierde la confianza en sí mismo. Le pone un mote ridículo. Puede usar incluso la calumnia.

Para debilitar aún más a su víctima, el agresor la aislará; con insinuaciones provocará celos y discordia entre los compañeros. No se la informa, se la deja al margen. El trabajo que recibe es desigual que el del resto de la plantilla.

El agresor encarga a la víctima trabajos inútiles o degradantes, objetivos imposibles de alcanzar que predisponen para una relación competitiva-destructiva a la plantilla.

Las empresas "tolerantes" son las responsables del daño ocasionado a las personas agredidas.

La pretendida buena marcha de la empresa lo justifica todo. Algún "jefecillo", para compensar sus propias carencias, deficiencias y desequilibrios psíquicos y/o emocionales, abusando de su jerarquía, aplasta con su poder a sus subordinados, imponiendo: ampliaciones de jornada, sobrecargas de trabajo o exigencias incoherentes.

Para motivar a sus empleados, establecen una relación que excede la puramente contractual; se les pide que se entreguen en cuerpo y alma al trabajo transformándolos en "esclavos dorados". De esta posición son descabalgados en cuanto el ritmo baja o dejan de ser manipulables.

Las reuniones de trabajo pueden usarse como sesiones de autocrítica, como si de colegiales indisciplinados se tratara, y transformarse en sistemas de humillaciones públicas. Esto suele ocurrir donde el personal es joven e incluso tiene un nivel de estudios más elevado que el de sus superiores.

Algunos instigadores del acoso aprovechan las debilidades o situaciones externas y los cambios hacia una menor disponibilidad de la víctima, para iniciar o incrementar su ataque. Aprovecharse de la debilidad ajena es un procedimiento habitual, e incluso valorado, en el mundo de los negocios.

La empresa es responsable de las situaciones, cuando adopta una actitud tolerante con los acosadores. La perversión genera imitadores que pierden los puntos de referencia, y el trato denigrante se establece en las relaciones laborales. Todos los especialistas coinciden en que estos conflictos surgen fácilmente en empresas en que el personal está sometido a gran presión y persiguen mejorar los resultados sin tener en cuenta el factor humano.

El rendimiento baja notablemente con una presión sistemática al generar errores profesionales y bajas por enfermedad. Está demostrado que es un estilo de dirección ineficaz y poco rentable. Para una empresa, las consecuencias económicas del acoso no son despreciables: disminuye la eficacia y el rendimiento de los equipos de trabajo; la gestión del conflicto se convierte en la principal preocupación de agresores y agredidos, e incluso de los testigos.

Las consecuencias en la persona suelen ser de diversos tipos: insomnio, ansiedad, estrés, depresión, etc.

Las empresas toleran los abusos de ciertos individuos siempre y cuando generen beneficios y no produzcan demasiados contratiempos. Hay que denunciar estas situaciones.

Actualmente se ha presentado un Proyecto de Ley en el Senado. En España, la magnitud del problema alcanza a más de 1.500.000 trabajadores y trabajadoras. Hay que acabar con este mal. Estas situaciones vienen dadas por la deshumanización de las relaciones laborales y la omnipotencia de las empresas.

La única manera de evitar este tipo de agresiones es la intervención y apoyo de los compañeros y de los representantes sindicales.

Si consideras que estás sufriendo estas actitudes, comunícanoslo, es la única manera de poder actuar: no te tragues el marrón en solitario.

La depresión es una enfermedad desprestigiada por gente interesada; los compañeros que la han sufrido o la están sufriendo, son testigos de la impotencia en la que se encuentran

Erradicar el acoso moral es responsabilidad de todos y todas.

Para CC OO la salud es lo más importante. No permitas que jueguen con ella.

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